En el ámbito de los negocios, se repite comúnmente la consigna “el cliente es primero”, o bien “el cliente siempre tiene la razón”. Tales nociones son positivas, sin embargo, si no se ponen en práctica conforme a los requerimientos de un negocio, no son, ni comprensibles, ni prácticas. Aun cuando estas ideas se encuentren en carteles a la vista de todos, estas orientaciones no servirán de nada si desde la gerencia, hasta los empleados, no asumen una postura ética acorde con tales mensajes.

La orientación hacia el cliente desde gerencia debe ser básica
Un craso error
Muchas compañías de gran prestigio, no tienen, paradójicamente, una relación satisfactoria con sus clientes. Así que su desarrollo y prosperidad de ven afectados por severos períodos de inestabilidad y descontento por parte del público consumidor. El problema es que los directivos de tales empresas consideran a la clientela como una entidad ajena a la compañía que administran.
Esta perspectiva podría ser práctica en el caso de grandes corporaciones, puesto que sus vastos intereses las obligan a estar a la defensiva contra posibles fraudes, robos, o conflictos con clientes o personas involucradas en sus transacciones. Pero aún así, no considerar al cliente en su debida importancia, puede acarrear múltiples contratiempos.
Una ética para negociar
Todo negocio debería estar guiado por una sólida ética orientada hacia los clientes, aún cuando bajo ciertas circunstancias esto equivalga a perder dinero y que, de acuerdo al crecimiento de un negocio, los directivos se vean obligados a encontrar estrategias para preservar tal motivación moral. Por ejemplo, volvamos a la idea de que “el cliente es primero”; esto es verdad, pero considerando que el primer cliente en toda ocasión, es el empleado de la compañía que ofrece un servicio.
La actitud de los empleados hacia el público es un reflejo directo del trato y la atención que reciben por parte de sus jefes. No es posible ofrecer una buena labor si no se recibe la misma en el interior de una empresa. El objetivo principal de todo negocio debe ser proporcionar un servicio a los clientes, mismo que no sea solo bueno, sino que sirva como referente para otras empresas. Los clientes somos todos: la clave empresarial más importante es fundamentar cualquier plan hacia la excelencia, sobre esa premisa.
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